Los presentadores de la ceremonia tienen cada vez menos margen para improvisar; esto se debe no sólo a las precisiones que impone el complicado montaje y la transmisión en vivo de la gala, sino a la necesidad de minimizar imprevistos de todo tipo.

De otras épocas se recuerdan anécdotas variadas. En la gala de 1933, el presentador Will Rogers tuvo que anunciar al ganador del Oscar al mejor director. "El premio es para mi gran amigo Frank. ¡Ven a buscarlo, Frank!", exclamó, y se levantaron al mismo tiempo Frank Lloyd y Frank Capra, ambos postulados al premio y amigos de Rogers. Este, atribulado, precisó: "El ganador es Frank Lloyd".

En 1992, Jack Palance obtuvo un Oscar por su actuación en "Amigos... siempre amigos". El actor, que entonces tenía 73 años, demostró su excelente estado físico haciendo flexiones con un solo brazo sobre el escenario, ante la mirada atónita del presentador.

A Palance también se le atribuye la entrega de un Oscar equivocado. Al año siguiente de su demostración de atletismo, el actor debía anunciar a la ganadora del premio a la mejor actriz de reparto. Dice la leyenda que Palance, obnubilado por vaya a saber qué sustancia, leyó mal el papel que sacó del sobre y ungió inesperadamente a Marisa Tomei por su trabajo como novia de Joe Pesci en la comedia "Mi primo Vinny". Para rematar, se cuenta que la Academia no se atrevió a corregir el desliz de Palance y que es por eso que Tomei tiene una estatuilla en las repisas de su casa. Sea esta historia verdadera o un simple intento de desmerecer el logro de la muy buena actriz, lo cierto es que le agrega encanto a la ceremonia que todos critican pero que muy pocos dejan de ver.